HEYSEL 85
- 23 abr
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EL COSTADO MÁS DESPIADADO DE LA POLÍTICA

En el marco del BAFICI en la sección de competencia “Vanguardia y Género” se exhibió “Heysel 85” que tuvo su estreno en el reciente Festival de Berlín. La ficción de la directora rumana Teodora Mihai, que tiene en su haber “Traffic” (2024), seleccionado por Rumania para competir por los Oscar en la última edición, narra los desgraciados incidentes que ocurrieron en Bruselas el 29 de mayo de 1985, en el estadio de Heysel, con motivo de la final de la Champions League.

El film se centra en cuatro personajes: el alcalde de Bruselas (Josse De Pauw), la mayor autoridad de su país presente en el evento, un hombre borracho e irresoluto; su hija (Violet Braeckman) la afligida secretaria de prensa mucho más sensata que su padre; el jefe de carabineros a cargo de Fabrizio Rongione, protagonista de la coproducción suizo argentina “Azor” (descenso a los infiernos de un banquero suizo en la Argentina de 1978), que toma las riendas ante la ineficiencia del alcalde; un periodista italiano (Matteo Simoni) preocupado por el cariz que toman los hechos.

Desde el inicio, en la conferencia de prensa, el alcalde elude las preguntas comprometidas de los periodistas sobre la seguridad, debido a la cantidad de ingleses ebrios que se veían en las adyacencias del estadio. El político estaba más preocupado por la variedad de las bebidas espirituosas que se servirían en el salón vip que en velar por la integridad del público asistente. Los desmanes en una de las tribunas de un estadio obsoleto, suceden en la previa, debido a proyectiles lanzados por los hinchas del Liverpool a los fanáticos de la Juventus, muy juntos unos de los otros. Las muertes, en total 39, en su mayoría italianos, se produjeron por asfixia o aplastamiento, debido a que las puertas estaban cerradas para evitar el ingreso de público sin entradas. Algo parecido a lo que sucedió en la Puerta 12 del estadio de River el 23 de junio de 1968.

La directora apunta contra las autoridades que tuvieron el control y la ominosa decisión de llevar a cabo el partido, con la carpa que cobijaba a los muertos pegada al campo de juego. Las mayores críticas recaen en el alcalde que ante la tragedia se refugia en el alcohol, deslinda responsabilidades y hasta tiene el tupé de sacarse una foto con dos heridos a los cuales invita a ver el cotejo en el sector vip. En una de las escenas de mayor tensión, amenaza a los gritos con esposar y poner preso al ministro de trabajo de Italia, máxima autoridad italiana en la final europea, que también vociferando quería a toda costa suspender el match. La decisión de seguir adelante con el cotejo fue del jefe de carabineros con la excusa de evitar males mayores, más tarde apoyado por el alcalde, que en un principio se oponía. Mientras que el representante de la policía británica sugería una medida razonable para no jugar, los jugadores de ambos equipos que no querían salir a disputar el partido, eran amenazados si se negaban a hacerlo. Los jugadores de la Juventus fueron engañados, ya que no se les informó sobre las muertes (en ese momento los pasillos internos del estadio se habían convertido en una enfermería provisoria), en tanto que Platini fue manipulado por las autoridades, debido a que era el único que hablaba francés.

Los entretelones, las disputas, los tejes y manejes de las autoridades y políticos que tuvieron la responsabilidad de los acontecimientos están narrados de manera clara, con un estilo clásico que genera suspenso y tensión a raudales. Un film incómodo, claustrofóbico (muchas de las escenas se desarrollan en oficinas y pequeños reductos) realista, con una mirada parcial, en la que recae todo el peso en las autoridades belgas, dejando de lado los ataques de los “hooligans”, fans británicos que tuvieron una enorme responsabilidad con sus agresiones. Un film en la que el partido lamentablemente jugó como anestesia, para borrar impunemente los muertos y heridos de la final, una herramienta que políticos desaprensivos la utilizaron en su beneficio.



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