YO, NARCISO
- hace 5 días
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OTRO PRODUCTO CON EL SELLO DE ADRIÁN SUAR

Adrián Suar vuelve al terreno de la comedia brillante como actor y también, en este caso, como director, un ámbito en el cual se siente muy cómodo y donde puede desplegar esos gestos de despistado que tanto gustan a su público fiel. Las tramas siempre lo encuentran en ambientes lujosos de clase media alta, con ropa de marcas acreditadas, estilistas del cabello muy profesionales y autos suntuosos. Por el ritmo y la escenografía, traen un leve recuerdo de las comedias sofisticadas de Carlos Schlieper (algunas protagonizadas por Mirtha Legrand), que a su vez mamó del gran cineasta Ernst Lubistch. Pero insisto, el dejo es muy suave.

La narración sigue a Rocío Flores (Natalia Oreiro), una profesora universitaria de sociología que está escribiendo un libro sobre el narcisismo. Para intensificar su investigación elige como objeto de estudio a Máximo Rey (Adrián Suar), un cirujano plástico obsesionado por la belleza. Para lograr su cometido, se hace pasar por una paciente que precisa un retoque en su físico, lo que dará pie a una serie de encuentros fuera del consultorio, que amplían y a su vez complican el vínculo y la indagación.

En principio, el relato plantea el mismo conflicto ético que Almodóvar en su última realización “Amarga Navidad” (2026): ¿cuál es el límite moral de apoderarse de la vida de los otros para un beneficio propio? Rocío se inmiscuye tanto en la vida del médico para recabar información que linda con la estafa. Pero “Yo, narciso” se trata de una comedia y los fines son otros, como explorar la manipulación, el machismo local, el cazador que persigue a su presa, la obstinación por verse con una buena imagen.

Suar se rodea de un muy buen elenco femenino que sostiene la farsa. Natalia Oreiro se desenvuelve con comodidad para las réplicas de los diálogos, siempre con una sonrisa ancha, con un vestuario que realza su figura y peinados acordes. Julieta Zylberberg, como la amante lesbiana de Rocío, es la fiel consejera y a su vez compinche en las andanzas de su pareja, muy sólida en su rol. En papeles secundarios se destacan Eleonora Wexler como la ex esposa del cirujano, Sofía Morandi (“Porno y Helado”) como la hija y Camila Peralta (“Nancy”) como una paciente y amante.

Párrafo aparte merece la presencia de Moria Casán en la pantalla, en su rol de madre de Máximo. Su aparición, cual diva, recuerda a la de Pola Negri en “Las hilanderas de la luna” (James Neilson – 1964). En aquella recordada película protagonizada por Hayley Mills, Negri, en una escena icónica, era enfocada de espaldas sentada en un sillón barroco de respaldo alto y ancha estructura. En la obra de Suar, la cámara enfoca unas botas rosas de enormes tacones que descienden de una escalera, para luego mostrar la figura de Casán. La actriz, últimamente una presencia bizarra en sus actuaciones, juega la mejor escena del film. En un almuerzo familiar donde la madre le recrimina a su hijo su conducta y sus pretendientes anteriores, las líneas de los actores se sacan chispas (también se luce Andy Chango como Rodolfo), siendo el momento de mayor hilaridad.

Por otro lado, en una secuencia de tomas sin diálogos mientras progresa la relación entre los protagonistas, se suceden una serie de “chivos” publicitarios: una pizzería famosa de la calle Corrientes, una heladería, una obra teatral, un restaurante. En definitiva, “Yo, narciso” es una obra pasatista, con algunos momentos de buena comicidad, con un elenco sólido que se maneja bien en el género, que encontrará un buen cúmulo de espectadores que siguen de manera incondicional a uno de los actores preferidos de la escena local.



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