FAMILIA
- 10 jun
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UNA VIDA CAÓTICA

La violencia familiar debido a padres abusadores ha sido el tema de recientes realizaciones italianas. “La inmensidad” (2022) de Emanuele Crialese, que tiene como protagonista a Penélope Cruz, ambientada en la Roma de los setenta, presenta a una pareja infelizmente casada debido a un marido infiel que la maltrata. El gran éxito “Siempre habrá un mañana” (2023) de Paola Cortellesi, que también la tiene como principal actriz, nuevamente sitúa la acción en la capital italiana, pero en el año 1946. En esta comedia negra Cortellesi se ve sometida a los castigos que le propina un marido despótico y dominante.

La nueva obra de Francesco Costabile, especialista en documentales, está basada en el libro autobiográfico: “No siempre será así: Mi historia de renacimiento y rescate tras las rejas” de Luigi Celeste del año 2017, un relato real oscuro con una cierta pátina de melancolía, en el que un padre agresivo somete a una familia a lo largo de dos décadas en el presente siglo. La aparente vida normal de los hermanos veinteañeros Luigi (Francesco Gheghi) y Alessandro (Marco Cicalese) junto a su madre Licia (Barbara Ronchi), se ve interrumpida por el regreso del padre, Franco (Francesco Di Leva), reclamando a sus hijos y familia. Franco, un hombre que entra y sale de la cárcel con frecuencia, marcó la infancia de sus hijos y la juventud de su esposa con recuerdos de miedo y abusos, envenenando todo lo que lo rodeaba.

“Familia”, seleccionada para representar a Italia en los premios Oscar 2026, muestra que los caminos que llevan al infierno son muchos, en tanto que las salidas son pocas. Luigi, el eje de la trama, se empapa desde chico de violencia, marginación y escasez. Los genes del padre, sumado a las cicatrices de la separación obligada por la ley durante cuatro años de la madre, fomentan una rabia contenida en él, que lo llevará a formar parte en su juventud de un grupo de skinhead fascista, una suerte de familia sustituta. Con un carácter sensible e inseguro, es la puerta abierta por la que se cuela el padre para acercarse al núcleo familiar. Su hermano mayor, que tiene bien presente las viejas fechorías de su progenitor que en parte ocultaba a Luigi para no afectarlo, lo rechaza rotundamente y no pierde oportunidad para enfrentarlo. En tanto que la madre es una mujer atrapada en su propio laberinto del cual no encuentra como huir, reincide, tal vez por miedo, y vuelve a caer en la trampa que le tiende su marido tras ficticias sonrisas apacibles.

La masculinidad tóxica se hace muy presente en el film, ya sea a través del personaje de Franco o de las reuniones del grupo neonazi en las que se ve involucrado Luigi. La tensión está siempre latente, apoyada en la ausencia de música, que potencia muchas secuencias en las que se espera con ansiedad la aparición del mal a través de las imprevistas reacciones del jefe del hogar. El segundo largo de ficción del director de “Una femmina: El código de silencio”, es una gran obra que capta la atención del espectador hasta el último fotograma.



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