TRES TIEMPOS
- johnlakelake
- 10 dic 2025
- 2 Min. de lectura
UNA TRAMA ATRAVESADA SUTILMENTE POR LA DANZA

La ópera prima de Marlene Grinberg, presentada en el reciente 40 Festival de Mar del Plata en la Sección Competencia Argentina, propone un inquietante juego de espejos en las relaciones materno filiales, en el que los roles se desdibujan al mezclarse el pasado con el presente. En un bello paraje de la Patagonia junto a un lago, viven en una inmensa casona Emma (Mara Bestelli) junto a su nieta adolescente Alicia (Violeta Postolski). Emma le inculca su pasión por la danza y la cría alejada del mundo en un paraje al cual solo se accede en lancha. La llegada de Bárbara (Florencia Dyszel), madre de Alicia e hija de Emma, junto a Juan (Fernando Contigiani) un terapeuta que la controla durante su salida de un psiquiátrico, altera la quietud y la armonía que reinaban hasta entonces.

La presencia de Bárbara despertará recuerdos, personajes y momentos del pasado, que a modo de espectros traspasan las imágenes en medio de las danzas o durante los recorridos por el bosque. Surgen afectos que despiertan celos, evocaciones sensuales que se confunden en el tiempo, rencores olvidados, recuerdos guardados en algunos de los cajones del inmenso y antiguo mobiliario que luce la mansión. En una obra puramente femenina, los hombres quedan empequeñecidos, como el minúsculo habitáculo en el que duerme el terapeuta, que contrasta con los amplios dormitorios de las mujeres. Su función se reduce a partenaires de algún baile, auxiliar a la enferma o meros reproductores sexuales. Asistentes sí, protagonistas no, fantasmas que se desvanecen.

La danza cobra importancia, no es un mero recurso estilístico, sino que es funcional a la trama, permite que las protagonistas se expresen, saquen a flote lo no dicho, una suerte de catarsis. Los movimientos danzados, supervisados por Diana Szeiblum y que evocan las coreografías vanguardistas de Iris Scaccheri, son tomados por la cámara, ya sea en picado o frente a espejos, para resaltar las posturas y los desplazamientos de los brazos. Por otro lado, el diseño de producción y la fotografía son otros dos rubros destacables, tanto en la ambientación de los interiores como en los juegos de luces y sombras que diseminan las distintas lámparas de los salones.

En los exteriores, predomina el bosque que esconde sus secretos, refugio de juegos sensoriales, junto al lago, cuyas aguas transparentes son el resultado de una extensión de los espejos de la casa. La directora juega con las imágenes, alternando primeros planos de las actrices o de utensilios de la vajilla, junto a planos generales en los que la profundidad de campo cobra relevancia. Por otra parte, la hermosa boiserie de la morada, permite ubicar a los personajes en el centro de los marcos de las gigantescas puertas que separan los salones. Por último, la música a cargo de la compositora Guillermina Etkin, pone acordes disonantes en los solos de piano, como advertencia de que no todo está en orden, restan vínculos por recomponer en la prolongada estadía de Bárbara. En síntesis, “Tres tiempos” es una obra que por sus méritos prestigió la Competencia Argentina del reciente festival marplatense.




Comentarios