HASTA QUE ME QUEDE SIN VOZ
- johnlakelake
- 18 dic 2025
- 3 Min. de lectura
UNA APROXIMACIÓN DIFERENTE A LA VIDA DE UNA ESTRELLA DE ROCK

José Miguel Conejo Torres es un cantautor español de cuarenta y cinco años nacido en Madrid, cuyo nombre artístico es Leiva. Sus comienzos como baterista en plena adolescencia fueron en el conjunto “Malahierba”. Años más tarde formó una banda con dos colegas más denominada “Pereza”, que alcanza notoriedad en el 2005 con el disco “Animales”, llegando a actuar junto a Joaquín Sabina en la cancha de Boca, para luego disolverse en el 2011 y seguir su carrera como solista. A partir de ese momento logra varios hitos: en el 2014 telonero de los Rolling Stones en el Santiago Bernabéu de Madrid; en el 2017 logra un disco de oro por “Monstruos” y produce el álbum de Abel Pintos “11”; obtiene dos premios Goya en la categoría “Mejor canción original” por las películas “La llamada” (2017) y “Sintiéndolo mucho” (2022); en el 2023 en su gira por la Argentina ofrece conciertos con entradas agotadas en el teatro Metropolitan, el Gran Rex y el Luna Park.

Con semejante currículum cabría esperar un documental que resaltara algún jalón de los muchos que obtuvo en su carrera, pero nada de eso sucede en la obra que tuvo su estreno en el reciente Festival de San Sebastián. Por el contrario, los directores Mario Fornés y Lucas Nolla ofrecen un retrato intimista de los últimos dos años del compositor con algún material de archivo de su adolescencia y juventud. Donde en otras obras de este tipo hay multitudes enfervorizadas aclamando al ídolo, aquí predomina la privacidad del camerino, en vez de fans solicitando autógrafos, se lo muestra en solitario corriendo por las calles de Nueva York o practicando montañismo, incluso con climas adversos, las fiestas multitudinarias para celebrar logros son reemplazadas por actividades agrícolas en su campo, con la sola compañía de los animales y la vegetación.

El film se mete en la vida privada del artista, cuya voz es una presencia permanente ya sea en off o en forma directa, con una cámara que por momentos agobia con tantos primeros y primerísimos planos del cantante como de sus interlocutores. Pocos cineastas se han atrevido a mostrar a un personaje al desnudo como en este caso, en el cual el tema central es cómo el vértigo de una carrera que no da respiros, conlleva sus peligros. En este caso es el agravamiento de su cuerda vocal izquierda y todo el proceso de su tratamiento: las reiteradas visitas al otorrino, los miedos de quedarse sin voz al cantar, su paso por el quirófano sin tapujos, el postoperatorio, el período en el que solo se expresó por señas y por medio de un tablero. Sumado a esto, un accidente que sufrió en un ojo a los trece años, lo muestra en varias escenas colocándose gotas para proteger su visión.

Mediante el uso de distintos formatos (digital, 16mm, super 8) que le dan distinta porosidad a la imagen, sumado a una cámara intensa que no da respiros con sus constante movimientos, generan ese espiral frenético sin fin, junto a la tensión en cuanto a la incertidumbre de su voz, ya sea frente a una audiencia o en una sala de grabación. Un retrato crudo de un apasionado de la música en todas sus formas que debe enfrentar sus límites para poder seguir adelante. Una manera distinta y original de reflejar los entretelones, muchas veces desconocidos por el gran público, de un artista tan vulnerable como cualquier ser humano.




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