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DICIEMBRE

  • 23 jul
  • 3 min de lectura

LOS EFECTOS TRÁGICOS DE UN AJUSTE ECONÓMICO

La desigualdad está presente en todo el mundo, se manifiesta de muchas formas y el cine se ha convertido en una plataforma única para analizarla. El nuevo documental de Lucas Gallo refleja el desamparo en el que quedó nuestro país luego del famoso “corralito” impuesto el 1 de diciembre del 2001 por el gobierno del entonces presidente Fernando de la Rúa. La disparidad quedó reflejada en una ciudadanía impotente y a la buena de Dios frente a un poder político distante, insensible e inoperante.

El recurso narrativo utilizado por el director es puro y exclusivamente el material de archivo que recolectó en Crónica TV, un canal que transmitía prácticamente desde la calle con imágenes muy realistas. El manejo de dicha documentación se puede prestar a manipulaciones, tergiversaciones o influencias ideológicas que pueden desvirtuar la realidad que describe. Si bien hubo un gran trabajo de desmontaje a través de la edición, para limitar el período de exposición y centrarse en los temas claves, el original no sufre grandes alteraciones y todo surge como un gran fresco de un mes conflictivo para la Argentina. Un acierto fue que las imágenes fluyan de manera natural sin insertar nombres, ni comentarios de voces en off o llevarlo al presente a través de reportajes a algunos de los involucrados. Los fotogramas son tan potentes que no necesitan ningún tipo de aclaración.

Así surgen en la pantalla los consabidos cacerolazos, las innumerables manifestaciones, los desmanes, los saqueos, los atropellos de ambos bandos, las colas y repudios frente a las instituciones bancarias. El país arde y las autoridades parecen no darse cuenta. Si bien De la Rúa, el ministro Domingo Cavallo y el gobernador Carlos Ruckauf tienen importante presencia en el documental, el que se lleva las palmas es el ex mandatario por una semana Adolfo Rodríguez Saá. Todo un descubrimiento. Siempre sonriente, cual estrella de Hollywood recibe gozoso la banda presidencial, se abraza con todos los que tiene alrededor, vive su momento de apoteosis en el discurso que brinda en la CGT de la calle Azopardo rodeado de líderes sindicales, entre ellos Hugo Moyano, donde anunció, entre otras cosas, con total ligereza, la suspensión del pago de la deuda externa. En la Casa Rosada recibe a visitantes variopintos que recuerdan esos versos de la canción de Juan Manuel Serrat: “Disculpe el señor”, sobre todo en la frase que dice: “Disculpe el señor, se nos llenó de pobres el recibidor, y no paran de llegar”. Mientras tanto afuera continúan los desmanes.

Por otro lado, a modo de “comic relief”, Gallo intercala algunas escenas frívolas y otras culturales para aplacar tanta tensión y que tuvieron lugar en aquel recordado mes de diciembre: una publicidad sensual conjunta entre Susana Giménez y Sandro; un almuerzo distendido del que participan Carlos Menem y su entonces esposa Cecilia Bolocco; un ensayo entre el maestro Mariano Mores y Charly García; la grabación del último concierto de Horacio Salgán y Ubaldo De Lío; los festejos de los hinchas de Racing luego de salir campeones.

“Diciembre” también refleja el paso del tiempo y cómo todo ha cambiado. En aquel momento la gente se desesperaba por tener billetes en mano, y ahora, la mayor parte de la población está bancarizada y la ausencia de efectivo no constituye un problema en sí. Un testimonio imborrable, un documental de denuncia, una investigación profunda sobre la memoria colectiva, hay muchas formas de catalogar la obra de Gallo que se destaca por su espontaneidad, en un film en el que las imágenes hablan por sí solas.

 


 
 
 

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