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SOY TU MENSAJE

  • 18 mar
  • 2 Min. de lectura

UNA SECTA COMO TELÓN DE FONDO DE UNA EXPERIMENTACIÓN VISUAL

El cineasta Ricardo M. Jacobo viene realizando desde los años noventa cortometrajes de tipo poético y experimental. También se dedica a la composición musical y a la realización de audiovisuales que desarrolla en su estudio de grabación “Goodshit”. Por lo tanto, no sorprende que en su ópera prima tenga a cargo la dirección, el guión y la banda sonora. En sus obras recurre al tableau vivant, la cámara lenta, la imagen congelada y el collage de colores en fotogramas sobrexpuestos.

Al comienzo, una voz en off que recita frases como una letanía, mientras acompaña un montaje vertiginoso de tomas inconexas, parece preanunciar un film de vanguardia como los de Ernesto Baca. Con los créditos iniciales, el rumbo se normaliza en dirección a una trama clásica. Ana (Inés Efron) y Lucio (Ezequiel Rodríguez) inventan una religión anunciando la llegada del mensajero y, por consiguiente, el fin de la era terrenal. Fundan una pequeña secta en una casa en la tranquilidad de un barrio privado, con un pequeño huerto en el que cultivan una flor de fuertes propiedades psicoactivas. Mara (Katia Szechtman), una joven inquieta, se une a la comunidad con el fin de encontrar a su hermano Damián. Entre velas, sahumerios, comidas saludables y baños nocturnos en una laguna, se suceden los ritos, las ceremonias, las ofrendas de un té que preparan con la planta alucinógena a cargo de Lucio, una suerte de chamán del grupo.

La propuesta, cercana a una alegoría del delirio del poder, le permite al realizador utilizar todos sus recursos estilísticos como el frizado, con primeros planos de los protagonistas, el encuadre reducido, la amalgama de la música con fuerte presencia en el metraje, la superposición de frases. Una obra ambigua y disruptiva en la que prevalecen lo estético, lo sensorial, lo plástico por sobre otros lenguajes cinematográficos.

En un film con distintas capas y texturas, en el que el espectador tendrá que poner mucho de su parte, apunta a un público que tiene su nicho en las realizaciones de Pablo César (“Hunabku”, “Unicornio, el jardín de las frutas”) o Eduardo Williams (“El auge de lo humano 3”), un cine de vanguardia que apunta a los sentidos.


 
 
 

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